Como todos sabemos, el licenciado José Antonio Meade es el
único candidato a la Máxima Magistratura de la nación en la historia del
Partido Revolucionario Institucional que no pertenece a este instituto político
que, el pasado domingo, celebró su aniversario número ochenta y nueve, con su
candidato presidencial como único orador e invitado de honor.
Me gustaría preguntarle a don José Antonio y con él al
lector, ¿qué pensaría de un nieto que celebra su cumpleaños como si hubiera
nacido el mismo día, mes y año que su abuelo quien, además, tiene un nombre
diferente? Creo que, por lo menos, calificaría al sujeto de simulador. Tal vez,
Pepe —como lo llaman los priistas que ya lo hicieron suyo— hasta le diría: “¡No
hombre, un genio!”.
Pues así es el PRI,
quien al revés de algunas señoras que se quitan los años con la intención de
que las otras personas las crean más jóvenes, aunque por su apariencia física
susciten el comentario de: “ojalá que llegues a la edad que representas”,
insiste en aumentarse años y cumplir los que le corresponderían a su abuelo.

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